"Al que piensa, se lo condena; al que habla, se lo calla; al
que se atreve, se lo reprime. Por eso, no pienses, no hables, no te atrevas".
Este era el legado tácito, incógnito de la dictadura militar argentina de 1976.
Los roles de lo prohibido y lo permitido de cualquier sociedad civil,
estuvieron invertidos en Argentina, durante siete años. Siete años grises,
pesados, extensos, malignos,
destructivos. Años de secretos, de misterios, de sufrimiento, de personas sin
identidad, perdidas, desaparecidas. No
pienses, no hables, no te atrevas.
El “Proceso de Reorganización Nacional”, fue en realidad un
proceso de desorganización, de desinterés por los Derechos Humanos, de
rompimiento de las bases de toda sociedad. Se desarmaron familias, se cultivó
el pánico, se separaron bebés de sus madres, se violaron, ultrajaron,
irrespetaron y burlaron, los derechos de las personas por gusto y placer de los
dictadores.
No pienses, no hables,
no te atrevas. Cansado hasta el hartazgo, de esta situación, un miembro del
sector más silenciado, un padre víctima de la desaparición de su hija se animó
a hablar. Cumpliéndose un año de la llegada de los militares al gobierno, el
periodista argentino Rodolfo Walsh, escribió una carta abierta a la junta
militar. La carta destinada a toda la junta y abierta a la lectura pública
llego tan rápido a manos del poder, como la muerte al periodista.
No pienses, no hables,
no te atrevas. El atrevimiento, el pensamiento y el accionar eran
castigados despiadadamente. Las reglas de juego de quienes se habían impuesto
en el gobierno, debían cumplirse y quién no lo hacía debía cumplir con la
prenda del juego: entregarse a la autoridad y a la buena de Dios.
Texto basado en el escrito por Rodolfo Walsh: "Carta abierta de un escritor a la junta militar"