Un acto de Fe


“Sólo hay que tener Fe”. Desde chica escuché esa frase repetirse. Antes de una evaluación, de una visita al médico, de una crisis económica, todo cambio llevaba consigo una cuota de Fe. ¿Pero qué era la fe? Durante tiempo busqué la respuesta. La más rápida era: aferrarse a algo, o a alguien. Sin embargo, un gran embajador de la Fe y la espiritualidad como lo es el Sai Baba, predicaba lo contrario. Él solía decir que no debemos aferrarnos a nada ni a nadie en al vida, sólo a un ser superior, ¿Cómo él?, parece que si. Y ahí volvían mis preguntas, ¿Cómo sabremos que es un Ser Superior? Por sus milagros o ¿por sus milagros? Sus milagros son un tanto extraños, nunca pude creerlos, me parecían armados estratégicamente. Creía que la respuesta se encontraba yendo al lugar, a la tierra del Sai Baba, a la India, pero… ¿Pero qué pasaba todo era mentira? Quizás todo era tan perfectamente ficticio, tan verdaderamente falso, o no.
Al conocer en profundidad a Sathya Narayana Raju Ratnakara, todo se me aclaró. La espiritualidad siempre se me presentó en colores pasteles, claros, blancos, tonalidades que denoten luz, pero Sathya, vestía un color anaranjado que llamaba totalmente la atención consternando a cualquier alma necesitada.
En ese momento, al conocerlo mejor, llegué a la conclusión de que era un Ser superior, sus intenciones, su avaricia, su descaro y su don de engaño son superiores a cualquier argentino, y eso que es su mayor talento.
Realmente, y a los ojos de muchos ciudadanos no es concebible que una persona de tales características logre guiar espiritualmente a miles de personas. La vulnerabilidad humana es el mejor aliado del enemigo, porque le ayuda a actuar contra la voluntad del otro. En un momento de debilidad, es cuando se recurre a la Fe, y es ahí donde personas como Baba, encuentran el momento propicio para el engaño. La respuesta todavía no aparece, pero si se me aclararon ideas, y la fe es sólo eso, Fe, en lo que cada uno quiera tenerla. Está, lista para ser utilizada, pero Bussines are Bussines y el tiempo es dinero, por eso quien lo descubre primero, se enriquece primero.


Texto basado en el escrito por Martín Caparrós: Dios mio.

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